No leo y me agüito gachote

Cuando no leo me agüito gachote.

2.9.10

¿Qué quieres hacer entre los dormidos?


‘(…) aversión a la realidad. Esto explica todo. ¿Quién es el único que tiene motivos para salirse de la realidad por medio de una mentira? Aquél a quien la realidad hace padecer. Y padecer, en este caso, significa ser una realidad frustrada’.

Federico Nietzsche / El anticristo

Dice la Real Academia de la Lengua que la esperanza es el estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que esperamos. Sor Juana nos la explica de mejor manera: verde embeleso de la vida humana. En el poema Verde embeleso, la décima musa le adjudica a la esperanza una serie de definiciones retóricas muy atinadas. Hay tanta sabiduría en cada una de sus palabras, que me sorprende cómo es que no consideraron utilizar el poema como la definición oficial.

Un acto de necedad, un triste consuelo, un mal necesario. Eso es la esperanza. La esperanza parte de la frustración del individuo, aquél que espera que suceda algo que realmente no está en sus manos; rechaza su realidad desolada, y quiere, hace un esfuerzo por engañarse a sí mismo y creer que aun hay algo que puede salvarle, es entonces cuando habla de la esperanza como aquello que muere al final, incluso después que él mismo. Sí, por eso Sor Juana le llama así, sueño de los despiertos intrincado.

Se alían con la esperanza quienes están inconformes con su realidad. Y creen, sabiendo que ésta no les sirve para nada más que adornar sus discursos y justificar sus acciones. Quienes saben que ya no pueden salir de donde están más que por la dulce intervención de alguien o algo superior, y ojo, que no estoy hablando exclusivamente de cuestiones religiosas. Decrépito verdor imaginado, (…) de los desdichados el mañana. Já, el mañana que mañana es hoy, y que hoy vuelve a ser mañana.

Ella no tiene la culpa; es una mentira anunciada. Esos necios de los que hablo, aquellos que con verdes vidrios por anteojos, todo lo ven pintado a su deseo; se consuelan en la esperanza para vivir una realidad ajena a la realidad, no porque sea imposible, sino porque esperan que suceda tal cual ellos quieren, y eso es lo que no siempre se puede.

Se concibe pues a la esperanza como aquello que motiva nuestro diario vivir: estoy jodida, pero algún día todo esto cambiará (y entiéndase la palabra jodida en todos los sentidos). Es decir que, a final de cuentas, a pesar de ser un engaño, una falacia del ser humano debido a su propia desesperación, la esperanza, como la religión (cualquiera que sea) es ese mal necesario del que siempre nos quejaremos pero sabemos que no puede dejar de existir.

Dice Nietzsche que existen quienes prefieran morir sobre una nada segura y no sobre una incierta realidad. Y esto es el indicio de un alma que se siente desesperada y mortalmente fatigada. En un mundo como éste, en una época como ésta, en la que todo a nuestro alrededor aparece muchas veces con tremenda crudeza, es normal que queramos ver otra realidad, la que nosotros queremos vivir, para no volvernos locos. Sin embargo, y como dice Sor Juana en el último terceto de su bello poema, no olvidemos que sobre lo real, lo palpable y no lo ficticio se basa nuestra vida: (…) tengo en entrambas manos ambos ojos y solamente lo que toco veo. Querer escapar de la realidad es un acto de ingenuidad.

“(…) de manera que la fortaleza de un espíritu se mediría por el grado de ‘verdad’ que pudiera tolerar (…)”.

Federico Nietzsche / Más allá del bien y del mal

18.8.10

‘Ojos que no ven, corazón desierto’ de Iris García Cuevas


El viernes pasado tuve la oportunidad de presentar un libro de cuentos de una escritora del sur del país, Iris García. Aquí mis comentarios.



Comentarios de Karla Alvízar

Nada está de más. Cada cuento es una historia excelsamente narrada. ‘Ojos que no ven, corazón desierto’ es el nombre del libro en el que Iris García Cuevas incluyó diez historias capaces de provocar un caleidoscopio de emociones.

Que una historia inquiete al lector no es cosa que se logre fácilmente, para ello se necesita un talento acompañado de un conocimiento claro de qué es lo que se pretende; Iris demuestra que sabe manejar las herramientas de la escritura y hacer uso de sus habilidades para llevarnos a donde nos quiere conducir. Sabe cómo llamar nuestra atención, cómo engancharnos, cómo enamorarnos y en ocasiones hacernos sentir miserables.

Además, la creadora de historias es misteriosa, impredecible, convierte en atractivas sus narraciones al presentarlas en forma de laberintos por los que tenemos que caminar para poder llegar al ansiado final, vamos adivinando, a tientas, con una maldita incertidumbre que también nos resulta excitante.

Las imágenes mentales que Iris ofrece nos quedan clarísimas, al punto de hacernos sentir que nos encontramos en el escenario donde se desarrollan las tramas; la excelsitud con que la mujer narra es lo que provoca esta sensación de realidad. Iris se descubre como una escritora sobria, sencilla, elocuente.

Al abrir el libro y sumergirnos en cada una de sus historias, encontraremos en ellas nuestro reflejo, nos veremos retratados como individuos y como sociedad desgastada; Iris sabe muy bien que todos somos criminales en potencia, y eso es lo que retrata; nuestro lado oscuro, ése del que todos hacemos uso de vez en cuando, en mayor o menor medida; interrelaciona el lado psicológico-social de nuestra personalidad con las instituciones que forman nuestro comportamiento, y con el sistema económico que rige nuestra sociedad. Resulta interesante ver cómo una se forma gracias a la otra.

No respeta la línea que separa lo público de lo privado y admite que todo es consecuencia de, los malos hacen maldades, pero no dejan de ser humanos, y nos obliga, si no a justificar sus acciones, sí a entenderlos porque los pone en el mismo nivel que nosotros, el del triste individuo que forma parte de una sociedad reprimida en la que las cosas se tienen que hacer de cierta manera porque ‘así ha sido siempre’.

‘Ojos que no ven’, la parte criminal. Los 5 cuentos que Iris nos comparte se dedican a aquellos indeseables, asesinos, corruptos, violentos, que luego se convierten en referentes para describir este país, y nos presenta en cada historia el lado ‘malo’ del ser humano, ¡pero no nos parece irreal lo que nos relata! De hecho, al ir leyendo las tramas, es casi seguro que estaremos asintiendo con la cabeza en señal de reconocimiento de nuestra realidad. Sorprende la manera en que los villanos de sus historias jamás dejan de ser verosímiles; con todo y las acciones grotescas que llevan a cabo, en ocasiones, no podremos evitar sentir cierta compasión por alguno de los malditos.

‘Corazón que no siente’, la parte romántica del libro (que nada tiene que ver con el amor). Otros 5 cuentos que siguen haciendo un retrato de lo que somos. Aquí se encuentran víctimas cuya voz está apagada y que provocan en nosotros un deseo frustrado por ayudarles a cambiar su destino. La soledad impera en estas historias, nos sentimos tan identificados con las reflexiones que estos personajes hacen, que a veces podremos sentir que nos hablan a nosotros.

En la forma, los cuentos son algo que podremos disfrutar cada vez que abramos este libro, historias desgarradoras que siempre nos harán sentir. En el fondo, Iris lanza una fuerte crítica al sistema político mexicano, señala, reclama, pero también voltea a quienes nos encanta fungir como víctimas, pues la indiferencia de una sociedad que de manera casi cotidiana es testigo de tremendas injusticias le significa algo repugnante. Por eso es que al momento de terminar de leer el último cuento, me vino a la mente de inmediato aquella sentencia que Carlos Fuentes incrusta en su novela ‘Las buenas conciencias’ y con la que me atrevería a resumir lo que Iris García pretende con sus historias, demostrar que ‘no hay culpables ni inocentes: en nuestra sociedad todos somos a la vez víctimas y cómplices’. No somos ajenos a lo que ocurre en este miserable país.

12.7.10

De la vanidad que nos domina.

'El cuerpo es solo un estuche y los ojos la ventana de nuestra alma aprisionada'
Aterciopelados



Es difícil ser mujer. Creo que nadie sufre tanto como nosotras. Válgame, no me gusta asumir el papel de víctima, y heme aquí haciéndolo. Bien dicen que lo que uno más evita hacer es lo que más termina haciendo. Qué paradoja. En fin.



¿Te acuerdas cuando eras niña y ansiabas desesperadamente crecer y convertirte en toda una mujer para poder usar maquillaje y zapatos de tacón? Ja ja, yo sí. Y era inmensamente feliz jugando a las barbis con mis amiguitas, haciéndoles peinados exóticos y vistiéndolas como todas unas divas. En ese entonces, recuerdo que mi mayor anhelo era ser güerita y tener la greña rubia, y quería tener un novio como el Ken.


De niña siempre fui muy femenina, creo yo que como las demás niñas. Mis padres estaban tranquilos porque mi exceso de feminidad indicaba que en un futuro me convertiría en una mujer de esas que ellos les dicen normales. Y ahí andaba yo con las uñas muy pintadas y las muñecas con cuerpo de súper modelo. Me sentía una princesa, como las que salen en las películas de Walt Disney y que ahora odio tanto. Viví en un mundo color de rosa durante toda mi infancia.


Esa etapa de aletargamiento vanidoso ya pasó, gracias al cielo. Pero, no sé, hay veces en que me siento terriblemente triste, y es que, es desesperante, frustrante, un sentimiento de impotencia se apodera de todo mi ser cuando veo la televisión, sí, esa arma de dos filos que casi siempre resulta ser nuestra enemiga más querida. En ella, es donde veo infinidad de comercialuchos y programas televisivos que muy a nuestro pesar definen nuestros estilos de vida, nuestras formas de pensar y hasta nuestras más sentidas preocupaciones.


La tele me presentó a la mujer ideal, aquella como la que debo de ser, pues de lo contrario no podré gozar de los placeres efímeros y banales que la publicidad se ha encargado de incrustar en mi cabeza como deberes religiosos. Le tele me enseñó que debo ocupar un lugar privilegiado en la sociedad, porque si no, no soy nadie, no soy nada, y ese maldito pensamiento es el que muchas mujeres han puesto en la cúspide de sus deseos y todo lo que hacen es para lograr llegar a ella.


¡Tanta belleza interior que alberga la mujer y tanta belleza exterior que desea poseer, solo para sentirse aceptada y entrar en los parámetros que marcan las leyes de la estética femenina! Eso de los estereotipos es un tema que me molesta demasiado, precisamente por eso es que millones de mujeres en el mundo se deprimen, se enferman, y lo peor de todo, viven infelices. ¡Su felicidad radica en su apariencia física!


Me parece algo tan tonto, y sin embargo, resulta ser muy importante para muchas de mi especie. La destrucción del ser humano va en aumento, todo por agradar a la sociedad hipócrita con la que convivimos, y cada vez esas formas de destrucción son más sutiles, pues sí, ahora es autodestrucción, y ni siquiera somos capaces de percatarnos. De que olvidamos el valor de nuestra alma por otorgarle mayor importancia a nuestra piel, a nuestro disfraz, el mismo que servirá de alimento para los insectos una vez que dejemos de existir físicamente en este mundo.


Las mujeres tenemos que lidiar con muchas cosas, no me dejarás mentir. Principalmente aquellas que participan en diferentes espacios, que son profesionistas y madres de familia, además de que tienen vida social; son como esas navajitas Vitorinox, todo en una. Somos independientes en ese sentido, autónomas, dueñas de nuestras decisiones. Nuestro proceso de emancipación del hombre ya se encuentra en un nivel muy avanzado.


Pero seguimos sufriendo. Pues sí, muchas ya no somos capaces de vernos al espejo sin maquillaje, si sucede así, llegamos a sentirnos feas. Luchamos entre nosotras mismas por esculpir nuestro cuerpo y vernos como las que salen en televisión, nos ponemos a dieta, compramos la pelota del pilates… Nos esforzamos todos los días de nuestra vida por no parecernos a la mujer que somos. No nos queremos ver como en realidad somos, nos evitamos, nos hacemos mala cara, no nos queremos.


Estamos peleadas con nuestro reflejo en el espejo. A veces ni nos queremos ver recién levantadas, ¿qué nos está pasando? ¿Por qué huimos de nosotras mismas? Esto es lo que pasa cuando tenemos como consejero espiritual a un aparato llamado televisor. No nos hemos dado cuenta de que cada vez postergamos más el diálogo interno, ya no nos conocemos, ¡ya no nos queremos conocer! Vivimos esclavas de la vanidad.


Nos hemos vuelto vacías e intentamos llenar ese vacío con halagos, mismos que creemos que solo merecemos cuando nos ponemos bellas para la gente. Somos falsas cuando intentamos agradar a los demás con nuestra apariencia física, y qué tristeza me da que basemos nuestros estados de ánimo en detalles tan superficiales.


Digo, tampoco creas que soy una amargada, pero todo en exceso es malo, y en cuestiones de vanidad, las extravagancias están a la orden del día.


Las mujeres modernas seguimos deseando ser como esas princesas de Disney, seguimos anhelando un cuerpazo de diez; queremos ser ‘la mujer perfecta’. Cuánto daño nos hacen estos deseos. Cada vez nos demostramos que nos queremos menos y nosotras mismas nos valoramos en base a lo que aparentamos, somos injustas.


No cabe duda que el mundo está en constante cambio, lamentablemente no todos los cambios son buenos. Lucho todos los días por no ser como esas mujeres, intento con mucho esfuerzo y mucha voluntad desentenderme de lo que me dice la televisión, pero no es fácil. Todas las mujeres, en menor o mayor escala, somos dependientes y no será de otra manera hasta que esas estúpidas ganas de no ser seres invisibles se nos quiten de la cabeza, y cuando dejemos de legitimar a los dueños del ‘qué dirán’.


Por lo pronto, cuando termine de escribirte esto y apague mi computadora, me iré por ahí ‘a ver qué veo’, y espero que no se atraviese en mi camino algún espectacular con una vieja bien buena y que por un momento mi yo interna me diga: yo quiero ser como ella.


'90, 60, 90 suman 240, cifras que no hay que tener en cuenta'
Aterciopelados

9.6.10

Mujer moderna: esclava moderna


Si yo no soy para mí mismo, ¿quién será para mí? Si yo no soy para mí solamente, ¿quién soy yo? Y si no ahora, ¿cuándo?
Refranes del Talmud / MISNAH ABAT


Las individuas modernas mexicanas no somos autónomas aún. A lo largo de la historia de México hemos atravesado por una serie de acontecimientos que forjaron nuestra identidad y carácter; nos ‘liberamos’ de muchas cadenas que nos ataron y esclavizaron por cientos de años; luchamos por posicionarnos como lo que somos pero no se nos reconocía: personas con las mismas capacidades que aquellos del sexo masculino; incursionamos en el campo profesional, ganamos nuestro propio dinero, formamos parte de las instituciones educativas, somos políticas, en fin. Con todo y esto, ¿me atrevo a decir que aun no somos entes autónomos? Así es.

La época de la colonia nos dejó de regalo una carga cultural que a la fecha sigue vigente -aunque no con la misma fuerza-, fue el cimiento para lo que hoy es la estructura de nuestra sociedad. El rol de ambos géneros estaba muy bien definido; el hombre en su papel de líder en todos los círculos, iniciando por el familiar y pasando por el económico, político y social, es decir, el rumbo de la historia estaba total y arbitrariamente en sus manos; la mujer en cambio, se encontraba enfocada única y casi exclusivamente a cuidar de los hijos y supeditada a las decisiones del ‘hombre de la casa’. Nos encontrábamos pues, en una condición de esclavas, entendida la palabra en el sentido de que no podíamos gozar del beneficio de tomar nuestras propias decisiones, además de que, desde nuestro nacimiento –esto sucedía con la clase elite de aquella sociedad- éramos educadas para convertirnos en unas ‘buenas esposas y excelentes madres’; sabíamos cuál sería nuestro destino y no podíamos hacer nada por evitarlo aunque nuestra aspiración no fuera ser las ‘guardianas de la familia’.

Tres siglos de opresión española fueron suficientes para que el próximo cambio en México sucediera; el movimiento de Independencia surgió por la desigualdad tan marcada entre las clases sociales y la rabia de las y los mexicanos que eran esclavos de extranjeros en su propia tierra. Las piezas del juego se reacomodaron, otorgando nuevos espacios de participación para los hombres mexicanos, pero dejando en la misma situación marginal a las mujeres: procrear hijos, educarlos, inculcarles valores, llevarlos a misa, ser sumisas con sus maridos, ser recatadas y casarse vírgenes.

Cien años después llegó la revolución y con ella una gran cantidad de cambios que medio enderezaron el rumbo de nuestro lastimado y acomplejado país. Las mujeres ya nos hacíamos notar, pero fue hasta la década de los 50’s que obtuvimos un logro trascendente: nuestro reconocimiento como ciudadanas a través del derecho a votar, mismo que desencadenó en una larga serie de otorgamiento de facultades que dieron lugar a la mujer moderna mexicana de este siglo; aquella concebida como independiente y autónoma. Hasta aquí todos y especialmente todas felices y contentas, ¿no?

A pesar de los logros obtenidos en la lucha de igualdad de derechos de las mujeres, y de las posiciones de poder que ya ocupamos en todos los ámbitos –familiar, económico, político y social- nuestra verdadera autonomía aun nos tiene abandonadas; aunque cambiamos la sumisión y el recato que siguen reproduciendo las novelas de Televisa, por la actitud indómita y en muchos casos rebelde (pero con causa) de la mujer independiente, nos encontramos inmersas en una terrible lucha contra nosotras mismas, contra nuestro cuerpo cuando no está dentro de los parámetros de lo estéticamente establecido; esa lucha que nos exige cubrir todos los requisitos del codiciado estereotipo de la mujer ideal, y que busca en sus víctimas la actitud de una aparente liberación, misma que casi nunca pasa de eso, una mera apariencia: la de la mujer profesionista de la clase media. Continuamos, pues, siendo esclavas, aunque no del mismo amo. Entonces, ¿de quién? ¿Qué implica la libertad?


‘Libertad.- (…) Independencia. La distinción entre libertad e independencia es más bien vaga, los naturalistas no han encontrado especímenes vivos de ninguna de las dos’.

El diccionario del diablo / AMBROSE BIERCE

10.5.10

¿Qué celebramos el diez de mayo?

Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso.

Paul Ambroise Valéry

Leo y leo los mensajes que bombardean el internet con felicitaciones para las madres por el diez de mayo y me doy cuenta del doble significado de los mismos. “La mujer está llamada a mantener viva la llama de la vida, el respeto al misterio de toda nueva vida. A la mujer, Dios le confía de un modo especial el hombre, es decir, el ser humano. En virtud de su vocación al amor, la mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás". Los mensajes de la iglesia suelen estar disfrazados de palabras bellas, y esconden muy bien su intención verdadera.

Afirmaciones como esta me obligan a pensar en la época colonial por la que atravesó nuestro país; cuando la institución religiosa española impuso sus creencias y forma de vida, dejándole claro a la mujer –de clase alta, que influyó sobremanera en la formación religiosa de las familias- que su papel fundamental en la sociedad era engendrar hijos y cuidar de ellos para transformarlos en personas de bien. En este sentido, la familia era completa responsabilidad de las mujeres, que crecían en un ambiente que les ordenaba la maternidad a como diera lugar –si no se casaban, era casi una ley escrita que se entregaran a la vida religiosa-, de otro modo, su papel en la sociedad era aun más invisible de lo que de por sí ya era.

México es un país de tradiciones, muchas de ellas, con tintes patriarcales, es decir, machistas. A pesar de que la celebración del diez de mayo tiene relativamente poco tiempo incrustada en los días importantes de este país, es una de las conmemoraciones que más remuneraciones dejan a los comerciantes –especialmente de flores, sin olvidar a los que venden artículos electrodomésticos-, pues, en una sociedad donde la imagen de la mujer se ve divinizada por ese “don especial” de la maternidad, es predecible que el día de su festejo se le quiera llenar de regalos.

Debe resultar fácil observar y entender los verdaderos fines de una celebración tan hipócrita como la del diez de mayo –y de hecho todas-. La mujer madre es el pilar de la familia, la mujer debe ser madre, para eso fue creada, la mujer madre es casi una santa, la mujer madre es abnegada, la mujer madre es buena persona, la mujer madre es religiosa, la mujer madre mantiene limpia la casa, hace de comer, lava la ropa, barre la calle, atiende a su marido, atiende a sus hijos, y además trabaja. La mujer madre no tiene tiempo para ella; está prohibido que tenga tiempo para ella. Así son la gran mayoría de las madres mexicanas, ¡qué bonito!

Estamos tan casados con las ideas retrógradas de lo que significa una familia, que seguimos reproduciendo lo que hace cientos de años; entramos en la convención de que la mujer madre es la responsable de llevar el rumbo de las familias que, por un lado, le quitamos autonomía e independencia, pues al convertirse en madre, cree necesario dejar su vida de lado para ocuparse de la vida de sus hijos, y considera egoísta ocuparse de ella, se siente culpable si lo hace –además, la sociedad la señala-; y por otro lado alejamos a la figura paterna de sus responsabilidades en casa, al considerar que su única función es tener un trabajo cuya remuneración alcance para las necesidades económicas del hogar.

Hoy, diez de mayo, abracé a mi madre y le dije que la quiero mucho –como todos los días-, después del abrazo, ella se fue a trabajar y no llegará hasta tarde a casa porque después del trabajo se verá con sus amigas. No le regalé nada; qué pésima hija soy.

Entre más grande es la pena, más extravagante es el festejo.

Karla Alvízar.

8.4.10

Aun nos queda la esperanza

“La justicia será abundante como el agua…”
(Martin Luther King / Yo tengo un sueño)

Ya parece el pan nuestro de cada día; se ha convertido en una cuestión cotidiana, que ya forma parte de nuestra rutina diaria. Ya no nos sorprende, o no nos sorprende tanto; llegó a la Laguna para quedarse, a pesar de que nunca fue bienvenida. Se hospeda en las calles –en las muy concurridas y en las poco concurridas- de nuestra ciudad. Todas y todos la conocemos; no nos cae nada bien, le aborrecemos, pero no podemos hacer que se vaya; se burla de nuestra impotencia y comete sus fechorías para demostrarnos que ella es más poderosa que nuestro descontento y nuestra frustración.

Ayer la vi de cerca, bueno, me contaron que se le apareció a una amiga; la infeliz se fue con todo, mi amiga aun no lo supera. El otro día un amigo también la conoció, ésta nomás lo asustó, pero ¡vaya susto! A una amiga de mi mamá la dejó sin mandado afuera de su propia casa. Já, son cosas que hasta dan risa; a mí me dejó sin celular la semana pasada, y confieso que no era un celular ostentoso; digamos que esa de quien les hablo, a lo que se deje, le da ¡Válgame Dios!

En las noticias locales no hablan mucho de ella, a pesar de que ya es bien famosa y de que todos los días se pone a trabajar. Luego las cosas que hace son un secreto a voces; mejor me entero por un vecino que por la tele, como sea, ella no descansa jamás. ¿Cómo le hará para tener tantos adeptos? Me gustaría saberlo, quién sabe, igual y en una de esas hasta me uno a sus filas, nomás, pa’ estar a la moda y sentirme rebelde, total, mi celular ya lo perdí.

Mucha gente que conozco me habla todos los días de ella; con miedo, con incertidumbre, con coraje me platican una y otra anécdota que involucra a la susodicha como la triunfante protagonista siempre. ¡Pero de eso no se trata!, la que triunfa, como en las novelas, no debe ser la mala, sino la buena –nosotras y nosotros, los ciudadanos-, sin embargo, tal parece que en este mundo del revés las cosas suceden, precisamente así, al revés, y la delincuencia, ésa que les digo, está destinada a salir victoriosa de cada una de las batallas que emprende. Jodámonos nosotr@s.

¿Dónde está la justicia? ¿Se fue de vacaciones? Avísenme cuando regrese, necesito hablar muy seriamente con ella. Esa delincuencia mentada me está llenando el buche de piedritas, y me imagino que a ustedes también. Tengo miedo, sí, pero aun conservo la esperanza de que algún día todo volverá a la normalidad, ¿y tú?

“Sigo soñando que un día la guerra llegará a su fin, los hombres transformarán las espadas en arados, las lanzas en hachas y las naciones no se levantarán unas contra otras, y no se estudiará más el arte de la guerra”
(Martin Luther King / Yo tengo un sueño)


8.2.10

¡Invasión de patos!



Dedico esta colaboración al profesor
Alfredo Viesca, con mucho respeto y cariño.

La televisión es el espejo donde se refleja
la derrota de todo nuestro sistema cultural...

Federico Fellini

Vagaba un día por el centro de la ciudad intentando buscar algunos paisajes dignos de ser fotografiados. Las señoras con el mandado, los taxistas, los camiones de ruta, las vendedoras de jugos y licuados, los vagabundos, los policías; todo se confabuló para confirmarme que ése era simplemente un día más acompañado de la rutina.

Seguí caminando por la avenida Juárez y me detuve en una farmacia para comprar algo de tomar, enseguida llamó mi atención la niña que trabajaba ahí como empacadora; me recordó a alguien de la tele, pero como no veo mucha televisión me fue un poco difícil recordarlo… Usaba unas botas que llegaban hasta donde nace la rodilla; su cabello adornado con una flor de estambre y dos largas trenzas descansaban sobre sus hombros; copete cubriendo su frente; unos lentes aparentemente de aumento; y un chaleco color amarillo. No me quitó el sueño aquella situación y continué mi camino.

Llegué a la Plaza de Armas y decidí sentarme un momento a contemplar el panorama. ¡Vaya sorpresa la mía! Mientras estuve sentada ahí, desfilaron delante de mí al menos unas cinco criaturas con casi las mismas características –a veces variaba el color del chaleco o las botas- que aquella pequeña empacadora de la farmacia. Ver la misma imagen tan repetidas veces me obligó a recordar por fin quién era esa niña de la tele a la que se parecían tanto: una mentada Patito.

Me fui de ese lugar como huyendo de una caricatura donde todos los personajes son iguales y actúan casi de la misma manera. Huí esperando no volver a encontrarme una vez más con otro clon de Patito. Al final, la invasión de patos no me impidió reflexionar un poco sobre esta curiosa experiencia.

Me remonté a mi época de estudiante universitaria (como si ya hubiera pasado mucho tiempo de eso, já) y vino a mi mente una teoría de la comunicación de masas que toda y todo comunicólogo debe conocer; la teoría de la aguja hipodérmica. A grandes rasgos, ésta sostiene que los mensajes emitidos por los medios de comunicación son recibidos por la audiencia de manera directa, sin incluir un proceso de “digestión” del mensaje, es decir que, como una aguja hipodérmica, los mensajes nos son “inyectados” y automáticamente reaccionamos ante su efecto, sin cuestionarlos.

Las chicas patito me parecen las víctimas perfectas de esta oleada de “inyecciones” propinadas por la novela de moda entre las niñas preadolescentes, misma que ha explotado su éxito al máximo extendiendo sus capítulos y hasta llevando de gira musical a su elenco para estar más cerca de sus fans.

Sé que la de la aguja hipodérmica es, en el mundo de los estudiosos de las ciencias de la comunicación, una teoría hasta cierto punto obsoleta. Me permití exagerar el efecto que tiene en un grupo de la población solo para hacerlo más entendible. Sin embargo, este fenómeno –el de las patitos abundantes- me parece alarmante y digno de atenderse, pues, más allá de verlo como una “simple moda” que “ya pasará”, está fungiendo en muchos casos como implementador de ideas que explican una realidad muy irreal, paradójicamente.

Padres y madres de familia, ahora sí que como dicen los letreros de advertencia en las tiendas de cerámica y cosas de esas: sus hij@s no saben lo que hacen, ustedes sí; ¡cuídenl@s!.

La dependencia de las personas a la televisión
es el hecho más destructivo de la civilización actual.

Roberto Spaemann

9.12.09

Lo que el norte del país ignora


“No hay culpables ni inocentes: en nuestra sociedad todos -y todas- somos a la vez víctimas y cómplices”
Carlos Fuentes / Las buenas conciencias

Hace poco más de un mes tuve la magnífica oportunidad de viajar a San Cristóbal de las Casas, Chiapas; el IV Congreso Nacional de Estudiantes de Sociología (CNES) fue el gran culpable de mi visita a este maravilloso lugar -No está de más comentar que este CNES amplió sobremanera mi panorama respecto a muchas cuestiones, razón por la que me encuentro más que feliz, pues, una vez más pude comprobar que en México aun hay quienes se interesan por enderezar el rumbo de este país tan maltratado. No todo está perdido-.

Una muy buena amiga fue mi compañera durante este viaje; una vez que llegamos, nos instalamos inmediatamente en un modesto hotel cerca del centro histórico que, dicho sea de paso, es hermoso. Nos urgía dejar nuestras maletas en algún lugar para poder salir a caminar por este pueblo mágico; así lo hicimos.

La arquitectura de San Cristóbal conserva muchos rasgos de la época colonial; iglesias enormes y llenas de santos, plazas con kioscos en el centro, calles empedradas. Todo me remontaba a esa etapa histórica de nuestro país tan llena de claroscuros.

Pero toda esa belleza no fue lo que más llamó mi atención en este lugar; me embobé más bien con los plantones, las manifestaciones, las frases de protesta pintadas en las calles, las y los niños indígenas vendedores ambulantes… en fin, la resistencia de las comunidades ante las figuras de poder (consumo, tecnocracia, narcisismo e individualismo) que nos dominan en nuestras sociedades occidentalizadas. Ése me pareció ser el pan de cada día en ese lugar que es famoso por su belleza, pero a la vez desconocido para muchos por los conflictos políticos y culturales de resistencia y de imposición que ahí se generan.

Estaba cenando con esa amiga que ya les comenté, cuando un niño indígena de unos 5 años se nos presentó ofreciéndonos insistentemente unas figuras hechas con barro, “¡cómpramelo, no he vendido nada!”, repetía el infante una y otra vez con un acento que daba a entender que el español no era su primera lengua y que muy probablemente le habían enseñado a hablarlo con el único objetivo de facilitar la venta de sus productos a los visitantes consumistas.

No pude aguantarme las ganas de preguntarle hasta qué horas terminaba de trabajar, “mi mamá me dice que a las doce tengo que regresar a donde está ella”. Enseguida le pregunté si ya había comido; sin dejarme terminar me dijo que no, mi amiga y yo le ofrecimos algo de comida e inmediatamente el rostro de la criatura nos regaló una hermosa sonrisa.

El niño se fue, pero las reflexiones se quedaron en mi cabeza. ¿Cuál es la ventaja de vivir en un lugar tan atractivo para l@s turistas? O, más bien, ¿quién goza de esta(s) ventaja(s)? ¿De qué manera ayuda el gobierno a todas estas personas que viven en la calle vendiendo sus artesanías a unos precios humillantemente bajos? ¿Tienen alguna esperanza de vida tod@s ell@s? ¿A quién le toca contestar estas preguntas?...

“El coraje no se puede simular: es una virtud que se escapa a la hipocresía”
Napoleón

16.11.09

Herencia colonial

La única costumbre que hay que enseñar a los niños y a las niñas es que no se sometan a ninguna.
Jean Jaques Rosseau

Un 12 de noviembre de hace muchos años, nació en México Juana Inés de Asbaje y Ramírez, mejor conocida como Sor Juana Inés de la Cruz; mujer rebelde e indómita que se atrevió a romper paradigmas y fémina a la que el mal adjetivado “sexo débil” tenemos mucho que aprenderle.

Niña prodigio, que a los 3 años comenzó a leer y antes de cumplir los diez ya pedía que la enviaran a estudiar a la Universidad, Sor Juana se convirtió en la máxima figura de las letras mexicanas, con una trayectoria que, en sus tiempos, y por su condición de mujer, era difícil consolidar.

La época en que Sor Juana Inés de la Cruz existió -época de la colonia- los roles de los sexos masculino y femenino (los que eran tomados en cuenta; los “ricos”) estaban muy bien definidos; el hombre trabajaba, ocupaba puestos de autoridad, era intelectual y regía el modus vivendi de las comunidades; la mujer, que no era dueña de sí misma, debía cumplir con tres funciones específicas en la sociedad: desempeñar las labores domésticas y criar a los hijos; ser sumisa y obedecer la voluntad de los hombres; y ser religiosa hasta los huesos.

Concebida como la “guardiana de la honra familiar”, la mujer rica se preparaba desde niña para el matrimonio; sabía que mientras su marido arreglaba los asuntos importantes fuera de la casa, ella debía permanecer enclaustrada criando a sus hijos, limpiando, rezando, y conservando las tradiciones familiares. La mujer de esos tiempos no tenía el mismo acceso que un hombre al conocimiento y a la cultura, su lugar era adentro, encerrada.

Juana Inés reclamaba el derecho de las mujeres al aprendizaje, sabía que la capacidad intelectual de la mujer no debía funcionar solo para casarse con un hombre al que apenas conocía con el tonto fin de conservar y engrandecer las riquezas de las familias bien acomodadas. Sor Juana sabía que el papel de la mujer también podía ser trascendente; huyó de la sumisión y la obediencia a los hombres, decidió ser dueña de sí misma, y se atrevió a tomar sus propias decisiones. Se convirtió en una mujer crítica y fue criticada duramente por hablar claro, sin embargo, el placer de haber seguido sus ideales y haber hecho lo que ella quería, fue la mayor recompensa que esta mujer pudo obtener.

Sin embargo, la herencia colonial sigue causando estragos en el modo que tiene la mujer de percibir su realidad. Ahora, con todo y que ya es su “libre decisión” si se casa o no, estudiar una carrera universitaria, trabajar, ser madre soltera, ser monja, prostituta, intelectual, o lo que sea, la mujer moderna sigue buscando depender de alguien; le tiene miedo a su autonomía. Las mujeres del siglo XXI debiéramos ser rebeldes, indómitas, insumisas, atrevidas, romper paradigmas y demostrar, como Sor Juana en su contexto, que con el simple hecho de hacer lo que queremos sin miedo, y reconociendo a las demás mujeres seremos sujetas de derecho y actrices políticas de nuestra vida.

Y aunque es la virtud tan fuerte, temo que tal vez la venzan. Que es muy grande la costumbre y está la virtud muy tierna.
Sor Juana Inés de la Cruz

19.10.09

¡Nos vamos al Mundial!




La televisión puede darnos muchas cosas, salvo tiempo para pensar.
Bernice Buresh

El 10 de octubre de 2009 seguramente se recordará con mucha alegría por la gran mayoría de los mexicanos, pues fue el día en que la gloriosa Selección Mexicana de Fútbol obtuvo el pase al Mundial de Sudáfrica para el año 2010, al vencer a El Salvador, por 4 goles contra 1. ¡Nos vamos al Mundial! México está feliz.

El tema del impuesto a alimentos y medicinas que nos quieren enjaretar el chaparrito de lentes y el gordito canoso; el conflicto con los trabajadores de Luz y Fuerza; los asesinatos recientes de periodistas en varios estados del país; la noticia de que México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo; la mentada influenza; en fin, son temas que… tnee, ya se me olvidaron ¡Ganó la Selección!

Como en toda sociedad capitalista –donde si no tienes no eres- los mexicanos no tardarán en comprar su playera de la Selección con el número de su jugador favorito; habrá quienes contraten el SKY para no perderse un solo juego de los tricolores; ya me tocó ver la dichosa pulserita con el eslogan: “¡Nos vamos al Mundial!” que todo mundo quiere tener. ¡Chingao! Yo aún no consigo la mía.

Pues sí, para qué me hago mensa, ¿verdad? Todo gira en torno a eso, a la publicidad, a vender y generar riquezas; a hacer más ricos a los ricos y dejar más jodidos a los jodidos, abriendo cada vez más la brecha –de por sí ya enorme- que existe entre estas dos clases sociales. Así se manejan las cosas.

Cada 4 años la Selección Mexicana hace que esta sociedad se olvide efímeramente de los acontecimientos desastrosos que ocurren en nuestro país; aficionados de hueso colorado y hasta los villamelones –soy de los últimos- nos ponemos eufóricos cada vez que nuestra Selección juega un partido. El gran sueño: Ganar un Mundial.

En absoluto esto es algo que repruebe, al contrario, es importante que, en medio de tanta porquería que vemos diariamente en los noticieros, tengamos un momento, aunque sea pequeño y poco duradero, de felicidad y relajación, olvidándonos de nuestros problemas y los de la nación. Eso es lo único que ganamos los mexicanos con el Tri en el Mundial, nada más.

Por otro lado, están las dos grandes televisoras que han idiotizado a la nación por muchos años y que, por supuesto, ganan mucho más que nosotros: Televisa y Tv Azteca. Las empresas mexicanas que tienen los derechos de transmisión de los juegos de la Selección de México, son las que más van a ganar con el pase de nuestros héroes futboleros al Mundial de Sudáfrica en 2010. 55 y 40 millones de dólares, respectivamente, es la cantidad de dinero que estos gigantes podrían registrar en ventas adicionales una vez que comience el Mundial, según un estudio de BBVA Bancomer.

¿A quién le convenía más que el Tri calificara para el Mundial? La respuesta es obvia. De no haber pasado la Selección, los dueños de nuestras conciencias hubiesen dejado de ganar 28.5 millones de dólares. Claro que no lo iban a permitir, y menos cuando este tema es perfecto para distraer nuestra atención de los otros tantos que realmente nos deben de preocupar.

En fin, la euforia mundialista ya comenzó y nadie la podrá parar, así el país se esté cayendo en pedazos, no tendremos ojos para otra cosa que no sea un partido de la Selección. Claro que no ganaremos el Mundial, pero, se vale soñar. Es más alentador tener esa esperanza a creer que en México la justicia social saldrá algún día de los discursos políticos y se convertirá en algo real y palpable. Sigamos pegados al televisor.

El fenómeno de la televisión demuestra que la gente está dispuesta a ver cualquier cosa con tal de no verse a sí misma.
Anónimo


Fuente:
www.mediotiempo.com

16.9.09

¡Viva México!... ¿independiente?



De la independencia de los individuos, depende la grandeza de los pueblos.
José Martí


“La Independencia de México marcó una etapa muy importante ya que se dejó de depender de España y se convirtió en un país libre y soberano” Así inicia el párrafo de una narración breve sobre la historia de la Independencia mexicana en algún sitio web. No fue necesario leer esta sentencia para que hiciera ruido en mi cabeza una cuestión: ¿México realmente es un país independiente? Sostengo que no.

Fue Miguel Hidalgo y Costilla, del lado de Ignacio Allende –entre otros personajes-, quien, con el conocido “Grito de Dolores” –que seguimos representando a la fecha- convence a los oprimidos de levantarse contra los conquistadores españoles que, en palabras claras, ya los tenían hasta la madre por tanto trato indigno. La escena es la más representativa en toda esta ola de acontecimientos que se suscitaron antes y después intentando consolidar nuestra independencia. Once años después del “Grito de Dolores”, Agustín Iturbide logró (el término es relativo) por fin que México se convirtiera en un país independiente, el 27 de septiembre de 1821.

El próximo año se cumplen 200 desde que esto sucedió, y hoy, grandes y chicos festejan anticipadamente el gran triunfo de la nación; sobre todo en este mes nos sentimos más mexicanos que el nopal; nos vestimos de verde, blanco y rojo; dejamos incluso sin reservas al señor de las banderitas mexicanas; y con gusto gritaremos ¡Viva México! El día de la gran celebración.

¿Qué celebra México? Entre más grande es la pena, más extravagante es el festejo. Me da un enorme gusto, que en medio de tanto caos, aun tengamos ánimo para sonreír por nuestro país, sin embargo, considero importante que no nos ceguemos y queramos ver hermosas rosas donde solo quedaron las espinas; México aun no sabe lo que es la independencia.

Hace 200 años, los españoles nos tenían como esclavos en nuestra propia casa. Hoy, el Imperio Colonizador ya se fue, pero se quedó uno peor; los mexicanos seguimos siendo esclavos de nuestros propios hermanos mexicanos. Modernos, pero esclavos al fin.

¿Es independiente un país donde el salario mínimo de un obrero apenas supera los 50 pesos diarios? ¿Es independiente la nación en la que una madre soltera gana mil pesos quincenales y con esa ofensa de sueldo debe mantener una casa? ¿Dónde está la independencia de ese enfermo que tiene que estar muriendo para que los doctores del seguro social decidan atenderlo? ¿Y la independencia del que se tiene que ir de mojado porque aquí no hay chamba?

México anhelaba una independencia, la logró, y no supo qué hacer con ella. Los ricos emularon a los españoles y trataron a sus hermanos mexicanos peor que nada. Ahora nuestra nación alberga a 54.8 millones de pobres, ¡el 51% de la población! Y vamos a celebrar nuestra independencia, já.

El Padre de la Patria y todos aquellos que tuvieron participación para que este país se independizara deben estar muy decepcionados de lo que nuestros “dignos” representantes han hecho con México; una estúpida propuesta del 2% de IVA a alimentos y medicamentos que más le vale al Congreso no aprobar es, entre otras miles de cosas, lo que ha terminado por provocarme un enorme repudio por quienes están en el poder. Si el Congreso dice que sí, cuando por lo menos el 51% de la población está en desacuerdo ¿dónde quedó nuestra independencia, mexicanos?

Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes.
Jorge Bucay


Fuentes:
http://www.sanmiguelguide.com/historia-independencia.htm
http://www.lecturasparacompartir.com/varios/independencia.html
http://www.jornada.unam.mx/2009/08/20/index.php?section=economia&article=024n1eco

31.8.09

¿Quién enamora a quién?

Se me va de los dedos la caricia sin causa,se me va de los dedos ... En el viento, al rodar,la caricia que vaga sin destino ni objeto,la caricia perdida, ¿quién la recogerá?
Alfonsina Storni

El cuestionamiento me había pasado desapercibido hasta el día de ayer que escuché a una mujer decirlo… ¿quién enamora a quién? Han pasado más de 24 horas desde ese momento y aun no reparo en una respuesta. Es difícil, ¿no?
Recordé aquellas ocasiones en que un hombre me ha pretendido; los detalles, las atenciones, las palabras ¿me enamoraron? La verdad, no siempre. Será que no soy muy dada a seguir las viejas costumbres del romanticismo y no me llena de emoción que un hombre me abra la puerta del carro o se levante de su silla cuando me voy a sentar. Pero ese no es el punto.

¿Quién enamora a quién? Me vuelvo a hacer esa pregunta, ¿será él quien la enamora a ella? ¿o es ella quien lo enamora a él? ¿o es una combinación? Como ya dije, no tengo una respuesta concreta, pero de lo que sí tengo certeza es de que no siempre es el hombre quien enamora a la mujer, y esto lo comento porque ya me tocó escuchar a dos que tres “machos” afirmar que ésta es una tarea exclusiva de ellos.

El hombre, la mayoría de las veces, enamora con sus detalles, con el respeto que muestra por la mujer, con su espontaneidad… realmente los hombres pueden enamorar por muchas razones, todo depende de los gustos de la mujer, e igualmente la regla aplica hacia nosotras las féminas; la cosa es pareja. Que cada género tenga sus mañas para lograr su objetivo (enamorar a otro u otra) ya es otra cosa.

Sé que hasta el momento no he respondido mi pregunta, pero no dije que lo iba a hacer, aunque puedo alcanzar a concluir que el enamoramiento –dure el tiempo que dure- es cosa de dos; un hombre no puede adjudicarse el “logro” de haber enamorado a una mujer -ni viceversa- puesto que, si a la mujer no le gusta el individuo que se le presenta, así de fácil puede decir no y se acaba el asunto, por muchas ganas que tenga aquél de convertirla en su pareja.

En este mundo tan loco que cada vez vive más rápido y con una diversidad de pensamiento más a la vista, es un acto de necedad querer seguir creyendo que el arte de enamorar solo le corresponde a una persona; esto debiera ser como el ejercicio de las conjugaciones que nos ponen en la primaria: yo enamoro, tú enamoras, él enamora, ellos enamoran, nosotros enamoramos, ¡todos enamoramos!

Pude amar esta noche con piedad infinita,pude amar al primero que acertara a llegar.Nadie llega. Están solos los floridos senderos.La caricia perdida rodará... rodará...
Alfonsina Storni

27.7.09

¡Me quiero graduar otra vez!


“Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”
Gilbert Keith Chesterton

Por cuestiones de mi trabajo he estado presente en algunas ceremonias de graduación en escuelas primarias. Veo a l@s casi adolescentes con sus zapatos boleados, su uniforme bien planchadito, las niñas con peinados que se mantienen sostenidos por el litro de espray que les pusieron, el cabello de los niños al mero estilo Benito Juárez, y con mil kilos de gel. Tod@s felices y nostálgicos, paradójicamente por la misma razón; ya salieron de sexto.

La verdad, al principio iba con cierta flojera, me presentaba a las ceremonias incluso nefasta, “¿adónde fuiste hoy?” Me preguntaba mi mamá al verme llegar a casa después del trabajo, “osh, a una graduacioncilla de primaria”, “qué flojera”, remataba mi progenitora. Se me hacía de lo más aburrido. Para mí no era relevante ir a una graduación de 30 niñ@s que habían salido de la primaria. Relevante la graduación de una carrera universitaria, como la mía, eso sí que fue importante.

Un día, no sé por qué (creo que más bien no tenía otra cosa más interesante que hacer), me puse a observar a los pequeños graduandos y, de repente, me vi en mi graduación de sexto año de primaria. El magno evento del año, ¡Por supuesto! ¡Si yo era la graduada! Toda la familia estuvo invitada; lloré cual magdalena durante toda la ceremonia porque ya me iba de ahí, ya no vería a mis compañeros de clase, ya había cerrado un ciclo en mi vida –incipiente, pero vida al fin- para iniciar uno nuevo; la secundaria era un mundo, y mi siguiente reto.

“Vaya, sí que me emocioné. Sí que fue algo muy importante”, dije para mí al remontarme a ese día. Tenía muchas ilusiones. Rápidamente fui recordando todas mis graduaciones; la secundaria, luego la preparatoria y, al final, la carrera. ¡Órale! El tiempo se pasa volando.

Y ahora que veo nuevamente a estos infantes, disfrutando al máximo su día de graduación, con tremendo gusto y miles de expectativas por lo que viene… ya cambié mi actitud; ahora vivo con ellos ese día tan especial y hasta soy capaz de sonreírles, como diciéndoles “te entiendo, entiendo tu emoción, entiendo tu sentir, y soy feliz por ti”. Y, en cierta forma, me da algo de tristeza darme cuenta cómo al paso de los años, nuestras ilusiones a veces se van desvaneciendo y no queda más que un simple evento de graduación donde lo menos importante es si tenemos alguna otra meta por cumplir.

Este ir y venir en este mundo rápido, nos aleja muchas veces de nuestra esencia, de lo que queremos llegar a ser, para envolvernos en sus garras del estrés, el trabajo, la frustración, y el concepto erróneo de que felicidad es tener mucho dinero. Creo que aun es tiempo de atrevernos a ser libres, y no tener miedo a emocionarnos por cosas “absurdas” para muchos.

“Una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma humana, está muy cerca de ser una realidad.”
André Mauroi

14.6.09

Ser tolerante




"Que dos y dos sean necesariamente cuatro, es una opinión que muchos compartimos. Pero si alguien sinceramente piensa otra cosa, que lo diga. Aquí no nos asombramos de nada".
Antonio Machado

Soy vegetariana hace poco más de 5 años, y vegana hace alrededor de 2. El veganismo implica una forma de vida de respeto hacia los animales no humanos; ‘(…) es una filosofía y un estilo de vida basado en el respeto hacia los animales, para ello el vegano deja de participar en todas aquellas actividades que explotan a los animales de forma directa e indirecta absteniéndose del total uso o consumo de productos de origen animal.’ (www.respuestasveganas.blogspot.com).

Cuando una persona sabe que no como carne, ni lácteos, ni huevo, ni nada que provenga de un animal, la mayoría de las veces se sorprende y me echa una mirada escéptica: ¡no manches! ¿nada, nada de carne? ¡Estás loca!. Ahora imaginen qué sucede cuando saben que no uso pieles y que, antes de comprar, verifico que los productos que consumo (shampoo, maquillaje, ropa, productos de limpieza, etcétera) no experimenten en animales. Y ni hablemos de cuando se enteran que no acudo a circos con animales, y que estoy en contra de las corridas de toros y de los zoológicos.

No pretendo defender el veganismo ni convencer a nadie de que lo practique; amo la diversidad de pensamiento y de creencias, creo que eso es lo que hace interesante este mundo. Con lo que sí de plano no voy de acuerdo es con la intolerancia-ignorancia, ¿por qué ligo las palabras? Porque considero que una persona ignorante, cerrada, con un estrecho campo de visión, es aquella que no tolera que alguien piense diferente. Hay personas que me han dicho que está mal lo que hago, cuando pregunto ¿por qué? Solo saben responderme: porque está mal y punto. Con ese tipo de argumentos, auguro, respetuosamente, que como sociedad estamos jodidos.

La libertad de pensamiento es un derecho del que todos gozamos. En la medida que no irrespetamos a otras personas con nuestras creencias, todo puede marchar bien. El premio Nobel de la Paz en 2001, Kofi Annan explica perfectamente lo que intento decir; cuando hablamos del derecho a la vida, o al desarrollo, a disentir o a la diversidad, estamos hablando de la tolerancia. La tolerancia promovida, protegida y venerada asegurará la libertad. Sin ella, no podemos asegurarnos de ninguna.

“Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas.”
John Fitzgerald Kennedy

14.5.09

Razón olvidada


“… aquí está una de las tareas de la juventud: empujar, dirigir con el ejemplo la producción del hombre de mañana. Y en esta producción, en esta dirección, está comprendida la producción de sí mismos…”
Ernesto Guevara de la Serna

El 23 de mayo, además de que cumple años una de mis amigas más cercanas, se festeja el día del estudiante universitario, aunque me ha tocado ver que en las prepas e incluso en secundarias lo celebran como propio, estudiantes al fin.

¿Cómo se festeja el día del estudiante? Como la mayoría de las celebraciones al estilo mexicano; una fiestota y mucho alcohol. Ese día, las y los universitarios salen temprano de la escuela o de plano no tienen clases, y en la noche, a festejar con singular alegría el glorioso día del estudiante, que fue instituido por… ¡Ah verdad!

Que porque si hay un día del maestro debe existir un día del estudiante, dicen algunos rebeldes; y hay otros que de plano no tienen la menor idea de por qué existe un día dedicado para ellos, más gacho aún, ni les importa saber. Resulta que el 23 de mayo, en la actualidad, no es visto como otra cosa que un simple pretexto para divertirse.

Otra historia ocurrida en México refundida en el olvido. Lo poco que sé sobre esta conmemoración es que un grupo de estudiantes de la escuela de Medicina de la Universidad Nacional de México (ahora UNAM), el 23 de mayo de 1929, fue víctima de la represión, una vez más, del gobierno. ¿Qué querían? Autonomía universitaria, misma que se conquistó luego de huelgas, manifestaciones y movimientos cuyo único interés era, en palabras de Luis Rionda “preservar a la universidad pública libre de las presiones y chantajes de los gobiernos post revolucionarios, que quisieron imponer a la fuerza la ideologización de la educación superior”.

Se logró el objetivo, no por regalo de las autoridades gubernamentales, sino por la lucha constante de nuestros hermanos estudiantes de aquellos tiempos. ¿El resultado? La Universidad Nacional de México se convirtió en la Universidad Nacional Autónoma de México, un gran paso para la historia de las instituciones en nuestro país.

Sinceramente no imagino cómo sería una universidad pública sin autonomía, salí de una y, lo que más me enorgullece al mencionar su nombre, es la palabra ‘autónoma’, por todo lo que ésta implica.
Creo que les debemos mucho a aquellos hombres y mujeres jóvenes que no desistieron hasta lograr algo de lo que los estudiantes universitarios gozan -y gozaron, quienes ya salieron- mientras se preparan como profesionales.

Miremos un poco hacia atrás, y démonos cuenta de que, desde hace 80 años contamos con un gran beneficio que ni siquiera valoramos porque siempre lo hemos tenido, pero usemos nuestra imaginación para visualizarnos sin él, y nos percataremos del gran tesoro que tenemos gracias a estudiantes preocupados por el futuro de México (futuro que ya llegó; somos nosotros).
¡Feliz día del Estudiante!

“Nuestro sacrificio es consciente, es el pago por la libertad que estamos construyendo"
Ernesto Guevara de la Serna

30.4.09

Feliz día del... ¿niño?




La madurez de los adultos es proporcional al tiempo de juego cuando niños, y a las preguntas que en ese entonces nos fueron buenamente respondidas.

La otra vez me encontraba plácidamente platicando con mi ‘yo’ interna que, por cierto, me cae rebien, y se me ocurrió hacerle la siguiente pregunta: ¿tú crees que todavía existan niñ@s en este mundo? Debo admitir que no supe responder al instante, tuve que pensar un momento antes de decir algo…

A esta generación de infantes le está tocando vivir muy deprisa, y las opciones de diversión infantil -que no siempre es precisamente infantil- cada vez son más. Much@s niñ@s son felices con un celular, por ejemplo; otr@s no pueden vivir sin el messenger; también están l@s adict@s al metroflog o al face book, y mejor ni hablemos de esas criaturas enamoradas de los videojuegos y de la televisión.

Los programas favoritos de mis primitos y primitas ya no son los picapiedra, o don gato y su pandilla, y menos barney y sus amigos. Ahora ven las novelas del once o del trece, o dr. house, o south park.

En mis tiempos -y no es que me sienta muy vieja, apenas supero los 20- jugaba a saltar la cuerda afuera de la casa con mis amiguitas, o a los enchantados, o a las escondidas que, aunque siempre era la primera a quien encontraban, me divertía asquerosamente. ¿Videojuegos? Mario Bros. ¿Internet? Todavía no estaba al alcance de tod@s, nisiquiera tenía PC, ahora mi vecino de 10 años tiene su propia lap top. ¿Televisión? Caricaturas y Chabelo. ¿Lo más hard core? Los power rangers y Dragon Ball.

¡Vaya! Me siento hasta ñoña. Cualquier niñ@ que me escuchara hablar así me diría que qué onda con mi vida, que esas formas de diversión, ‘ni al caso’ y que ‘qué aburrición’. Siento que nuestr@s niñ@s se están converted cada vez más rápido en adultos, el mundo está cambiando y ell@s con él. ¿Qué nos está pasando?

Creo que fue José Martí quien dijo: ‘los niños son la esperanza del futuro’. Creo firmemente que así es. Las formas de diversión de los infantes de ahora no es más que el resultado de la forma de vida de los adultos: el padre y la madre se ausentan casi todo el día de la casa y el hijo o la hija encuentran entretenimiento en las nuevas tecnologías.

Creo que es tarea de los padres fomentar mása la comunicación entre ellos y sus hijos, pues este estilo de vida no ha hecho más que separar este vínculo que debe existir, dejando a los hijos disperses y a los padres cada vez más ocupados en otras cuestiones.

Festejemos el día del niño dandole un enorme abrazo a nuestros hijos (en mi caso a mis primos menores), y recordandoles que ser niño es la mayor certeza de que Dios existe.


Cuando nace un niño nace la esperanza de un mejor mundo, la esperanza se pierde cuando los padres no lo saben educar.

20.3.09

feminista, no hembrista

“Nunca he declarado la guerra a los hombres; no declaro la guerra a nadie, cambio la vida: soy feminista”.
Florence Thomas



Vaya que las mujeres hemos logrado muchas cosas a lo largo de la historia de la humanidad, y nuestro trabajo nos ha costado. Agradezco infinitamente a Simone de Beauvoir por aquella excelente obra en la que inició la etapa de algo que hasta la fecha existe: el feminismo.

Recién celebramos el Día Internacional de la Mujer, ¡Felicidades, mujeres de todo el mundo! Doctoras, arquitectas, ingenieras, maestras, prostitutas, amantes, meseras, limosneras, monjas, amas de casa, estudiantes, abuelas, hijas, nietas, tías, sobrinas, madres, feministas.

 Según la Real Academia de la Lengua, la palabra feminismo tiene dos definiciones, la primera, doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Segunda, movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres. Estoy totalmente de acuerdo con ambas definiciones.

De lo que me he percatado –y no estoy de acuerdo en absoluto con ello- es que, erróneamente, tanto mujeres como hombres, han confundido en definición y en práctica el feminismo con el hembrismo. Es decir, si entendemos el machismo como la: actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres, consideramos que el feminismo es: actitud de prepotencia de las mujeres respecto de los hombres. ¡Y no es así! El feminismo no tiene nada que ver con el hembrismo.

Me preocupa que se juzgue a las mujeres feministas como monstruos que odian al género masculino, como mujeres radicales que creen que todo sería mejor si el hombre desapareciera de la faz de la tierra. Me preocupa que esta palabra tan hermosa sea reducida a una humillante definición de lo que es el hembrismo. Ser hembrista, significa ser retrógrada y es una total contradicción, pues estaríamos repitiendo las mismas prácticas de un ser machista y caeríamos en un círculo vicioso del que sería muy difícil salir. Sería regresar a lo mismo.

Los hombres (y muchas mujeres) deben entender que el feminismo no busca la superioridad de la mujer, el feminismo se refiere a derechos y obligaciones, y no a simples caprichos de nosotras las féminas. Feminismo es buscar equidad en la desigualdad. No es una lucha en contra del hombre para que venza el, o la mejor; es una lucha conjunta para obtener las mismas oportunidades que en esta cultura patriarcal, solo se le dan a los hombres.

Es difícil cambiar un pensamiento, sin embargo, considero importante que hagamos conciencia de que la lucha entre los sexos no conlleva a nada bueno, hay que implementar la cultura de ganar – ganar, que aunque no le funcionó muy bien a los capitalistas, bien puede servirnos a hombres y mujeres, para que ganemos las dos partes, y así, todos felices y contentos, olvidándonos del machismo y del asqueroso hembrismo, que nada bueno aportan a una sociedad con sensibilidad y con cerebro.

Tolerancia, diálogo, igualdad de oportunidades; feminismo, sí. Discriminación, intolerancia, misoginia, sexismo; machismo, no. Odio, caprichos, abuso; hembrismo, no. Mujer, no permitas que un hombre te golpeé, pero tampoco te permitas a ti, hacer lo que hace un (una) machista, no te conviertas en aquello que juzgas. Erradiquemos el machismo, pero también el hembrismo.

“Por esto repito tantas veces que ser mujer hoy es romper con los viejos modelos esperados para nosotras, es no reconocerse en lo ya pensado para nosotras (…). Por esto soy una extraviada, soy feminista”
Florence Thomas